lunes, 26 de febrero de 2007

Dibujos. Cinco.

Noviembre de 2006.





Dibujos. Cuatro.

Noviembre de 2006.




Dibujos. Tres.

Días después. Creo que va mejorando.




Dibujos. Dos.

Un par de semanas mas tarde. Tienen un poco mas de forma.




Dibujos. Uno.

Los primeros dibujos, verano de 2005. Bastante toscos.






Esperar

Recuperas la conciencia. Sientes como si tu mente se hubiera ausentado de tu cuerpo y ha decidido volver. ¿Dónde estás? Miras a tu alrededor, es de noche, hay muy poca luz. Ves casas, árboles y automóviles estacionados pero no reconoces nada. ¿Cómo llegaste aquí? No tienes idea. ¿Estás bien? Al parecer si. Tu cartera está en tu bolsillo, tu reloj en tu muñeca y tu celular en tu cinturón. ¿Y tu carro? ¿Dónde esta tu carro? Empiezas a buscar tus llaves con desesperación. Te tranquilizas al encontrarlas en tu bolsillo, junto con tus cigarros y tu encendedor. Tienes tus llaves, ahora la cuestión es saber donde estás y donde está tu auto. ¿Qué es lo último que recuerdas? Estabas en una fiesta. ¿Hace cuánto tiempo fue eso? No lo sabes, has bebido tanto que tu estado no te permite distinguir la hora en tu reloj ni en tu celular. Sacas la cajetilla y el encendedor de tu bolsillo. Sacas un cigarro y lo pones en tu boca, al intentar encenderlo tiras el cigarro. Piensas que es más fácil sacar otro cigarro que agacharte a recoger el que tiraste. Al intentar encenderlo cae de tu boca. Decides que es mejor no fumar por ahora. Empiezas a caminar con la esperanza de reconocer algo y así ubicarte. Apenas puedes soportar tus pies. Justo hoy tenías que usar tus zapatos nuevos. Caminas con gran dificultad, con pasos muy lentos, teniendo cuidado de no caer cada vez que intentas avanzar. Sientes como si hubieras caminado por horas. Caminas un poco más. A lo lejos alcanzas a divisar una avenida grande, con muchas luces. Te esfuerzas y después de algunos minutos, aunque para ti parecen horas, logras llegar. Reconoces esta calle. Reconoces la farmacia de la esquina. Finalmente sabes donde estás. Piensas que ya tienes una preocupación menos, solo resta las más importante… ¿Dónde está tu auto? Pensar se te dificulta enormemente así que intentas no hacerlo. Tienes que pensar como harás para llegar a tu casa. Te das cuenta que no lo lograrás tu solo. Tomar un taxi en tu actual estado puede resultar demasiado peligroso. Decides entrar en la farmacia. Los empleados te miran y dudan si sospechar de ti o reírse. Apenas puedes caminar y hablar te resulta aun más complicado. Con dificultad pides a una de las empleadas de la farmacia que busque un número en tu celular y lo marque. Ella amablemente accede, toma tu celular y hace la llamada por ti, cuando le contestan te da el aparato. Con frases incompletas y repetidas explicas tu situación y pides ayuda. Te dicen que no te muevas de donde estás, que ya va alguien en camino a buscarte. Solo queda esperar. Caminas hacia un refrigerador en un extremo de la farmacia, tomas un bote de agua grande. Por suerte tienes monedas en tu bolsillo, no serías capaz de distinguir la denominación de los distintos billetes en tu cartera. Pagas por el bote de agua, agradeces la ayuda y sales de la farmacia. Te sientas en la banqueta. Solo queda esperar. Esperar.
R.F.
Febrero 12 de 2007
Monterrey, México

Quizas

Miras tu reloj. Hace más de 1 hora fue tu hora de salida. En buen momento se le ocurrió a tu jefe convocar a junta. Vuelves la mirada al frente y continúas fingiendo atención. Al parecer la junta terminará dentro de poco. O quizás no.
Una hora después termina la junta. Te despides de todos y molesto te diriges a tu carro. Lo enciendes y empiezas a manejar rumbo a tu casa. No hay tráfico, quizás la única ventaja de salir tarde de la oficina. Optas por no ir al gimnasio hoy puesto que de lo contrario llegarás muy tarde a tu compromiso de hoy.
Abres la puerta de tu casa. De nuevo miras el reloj. Enfadado te diriges al baño, tomas una ducha y después te vistes. Rápidamente te preparas algo de cenar y partes al antro en el que será el festejo.
Al llegar al lugar dejas tu coche en el valet parking, te diriges a la puerta y entras. Caminas a la mesa de siempre. Tus amigos están ahí. Saludas a todos. Felicitas al cumpleañero. Alcohol. Necesitas alcohol. Rápido.
Un shot de tequila para empezar. Después vodka con agua mineral y jugo de arándano. Piensas que nunca has visto un arándano. Lo único que sabes es que son rojos y su jugo es delicioso mezclado con vodka. Empiezas a tomar. Casi puedes sentir el alcohol entrando a tu estomago, siendo absorbido y viajando por todo tu cuerpo. Es oficial. Empezó la fiesta.
La noche transcurre de forma bastante tranquila. Platicas, bailas, cantas, tomas, fumas, platicas, bailas, cantas, tomas, fumas. Nada nuevo, lo mismo que haces cualquier día en cualquier antro. Repentinamente todo se detiene. El tiempo empieza a pasar más lento. Sientes que todo ocurre en cámara lenta. Te sientes como en una película americana para adolescentes.
Tu mirada está clavada en sus ojos que ven hacia otro lado mientras camina hacia la mesa en la que estás. ¿Quién es ella? Se acerca poco a poco. Ves a la gente moverse lentamente a su alrededor. No escuchas un solo ruido. Ves gente bailando pero no escuchas música. Ves bocas moviéndose pero no escuchas voces. Estas completamente concentrado.
Después de lo que te parece una eternidad por fin llega a la mesa. Saluda y felicita a tu amigo el festejado, después a su hermana y a nadie más. ¿Quién es? Obviamente no conoce a nadie mas excepto a ellos dos. Eso, o es increíblemente grosera.
Pasan algunos minutos mientras haces averiguaciones. Como pensaste es amiga de la hermana de tu amigo. ¿Por qué no la habías visto antes? Porque estudiaba en otra
ciudad y acaba de llegar hace pocos días. ¿Cómo se llama? Al parecer nadie sabe. Habrá que averiguarlo.
Piensas que lo mejor es tomar uno o dos tragos más antes de entablar una conversación con ella. Para darte valor, por supuesto. Levantas la botella, lees la botella: Absolut. Sonríes porque recuerdas varias campañas publicitarias de esta marca. Listo, el vaso esta contiene vodka hasta la mitad de su capacidad. Sirves el agua mineral y el jugo de arándano mientras continúas mirando a la niña.
Mientras tomas ves como un tipo se acerca a hablar con ella. De seguro lo va a batear, dices para ti mismo. Te equivocas. Empiezan a platicar. Cada vez que ella se ríe tu te enojas un poco más. ¿Por qué tuviste que esperar para ir a hablar con ella? ¿Qué, acaso no puedes tomar y platicar al mismo tiempo? Pasas algunos minutos observándolos y haciendo corajes mientras el resto de tus amigos se divierten.
Estás molesto. Más que molesto, enojado, quizás furioso. Volteas a tu derecha y te das cuenta que la hermana de tu amigo esta parada a un lado tuyo fumando en silencio. La saludas y empiezas a conversar con ella. Al principio no dices nada sobre su amiga. No quieres que piense que esa es tu única razón para hablar con ella. No importa que realmente esa sea tu única razón para hacerlo. Simplemente, hay cosas que es mejor no saber.
Después de alrededor de una hora de platicar con ella y continuar tomando te das cuenta. Estás borracho. No lo suficientemente como para no tomar, pero quizás si para hablar con la niña que tanto te interesó. Después de todo, no quieres dar una mala impresión. Al darte cuenta de esto te enojas aún más.
Empiezas a contarle a la hermana de tu amigo lo mucho que te gustó su amiga. Ella te pregunta por que no le hablaste si tanto te gusta. Le explicas tu situación, cuando tuviste la oportunidad no habías tomado lo suficiente. Cuando estabas listo ella estaba ocupada. ¿Y porque no le hablas ahora? No, ahora no, has tomado demasiado alcohol. Le comentas que además de no querer dar una mala impresión no sabes si serás de su tipo. Ella te contesta que poco después de llegar estuvieron hablando sobre los presentes y su amiga comentó que le gustaste.
¿Cómo manejas esta situación? Quizás de la peor manera posible. Te enojas. Sacas tu cartera, sacas dinero y se lo das a la hermana de tu amigo. Le dices que es tu parte para la cuenta, le pides que te despida de su hermano y que te disculpe, que acabas de recordar que tienes que devolver unos videos que rentaste. Ves su cara de sorpresa pero no dices nada más. Simplemente te vas. Algún día volverás a ver a su amiga. Y quizás ese día le hablarás. Quizás.
R.F.
13 de Julio de 2006
Monterrey, México

Domingo

Abres los ojos. ¿Dónde estás? Nada aquí parece familiar. Esa lámpara no es tuya. Esa mesa tampoco. Esta cama no parece ser la tuya. Volteas a tu derecha. Definitivamente no estás en tu casa. ¿Quién es la tipa dormida a un lado tuyo? ¿Cómo acabaste aquí? La verdad es que no importa. Lo único que importa es salir de aquí, llegar a casa, tomar aspirinas y dormir.
Te levantas de la cama sin hacer ruido para no despertar a la tipa misteriosa. ¿Dónde estará tu ropa? Después de buscarla por unos minutos la encuentras tirada en un rincón de la habitación. Silenciosamente te vistes y te diriges a la puerta. Antes de salir revisas tus pertenencias. Te falta tu teléfono celular. Te regresas a buscarlo y lo encuentras debajo de la cama. ¿Cómo llego ahí? Probablemente nunca lo sabrás. De cualquier forma no tiene importancia.
Sales del edificio y, de nuevo, la pregunta que te has hecho miles de veces. ¿Dónde está tu auto? Te das cuenta que quizás te deberías preguntar: ¿llegue aquí en mi auto? No puedes recordarlo. Te duele la cabeza. El sol no mejora la situación. Desearías tener tus gafas de sol. ¿Dónde están tus gafas? En el auto probablemente. Caminas alrededor de la manzana buscando tu automóvil. Al estar de nuevo frente a la puerta del edificio de apartamentos en el que pasaste la noche finalmente recuerdas. Tu auto está en el taller. Lo chocaste hace un par de noches.
El dolor de cabeza es insoportable. Caminas en dirección de una avenida grande que divisas a unos metros de distancia. ¿Tienes dinero para el taxi? Más vale revisar. Buscas tu cartera. La abres. No te queda mucho dinero pero debe ser suficiente para pagar el taxi. Claro que esa estimación sería mucho más sencilla de realizar si supieras donde estás. De cualquier forma no es tan importante. Sabes que tienes dinero guardado en tu casa para emergencias como esta.
Ves pasar a los taxis ignorándote. Tienes que esperar alrededor de 25 minutos para que uno de ellos se decida a detenerse y preguntarte a donde vas. Por el brillo en sus ojos cuando contestas te das cuenta que no estas nada cerca de tu casa. De cualquier forma no es importante. Subes al taxi y le das al taxista indicaciones. Te recuestas y buscas tus cigarros, pero cuando estas a punto de encender uno el taxista te dice que no se puede fumar en el auto. Frunces el ceño y guardas el cigarro en la cajetilla. El taxista intenta hacer plática. Piensas que es un pendejo negándote tu derecho a fumar y después intentando socializar contigo. Sí, el clima esta bastante agradable, (¿y a quien le importa?) No, no vi el juego (y me vale madres el fútbol, y no soporto a los taxistas platicadores)
Finalmente llegas a tu casa. Ves el taxímetro. Pagas. Te quedas sin dinero en la cartera pero no hace falta entrar a tu casa por más dinero. Ves el taxi partir. Te das cuenta que la cabeza te duele un poco menos. Esta anocheciendo. Miras tu reloj y piensas que es tarde. Piensas que si logras recordar algo, probablemente haya sido un buen fin de semana. Otro día tirado a la basura. Pero total, no importa. A fin de cuentas es domingo.
R. F.
4 de Abril de 2006
Monterrey. México.

Día raro

¿Te ha pasado que te levantas y piensas "hoy va a ser un mal día"? A pesar de que el clima esté bastante agradable el día se ve gris. Y lo peor es que no te puedes explicar el porqué. Escuchas las noticias y cosas que normalmente no te importarían te conmueven al punto de causarte ganas de llorar. Así pasa el resto del día, a momentos estás ocupado y a momentos no tienes nada que hacer, pero en general el día parece no tener sentido ni propósito. Piensas que quizás comer con un amigo te hará sentir mejor, y por un momento funciona, pero después te vueles a sentir tan mal como al inicio del día. O peor. Piensas que hacer algo que te guste hará que te sientas mejor. Lees una revista, vas al cine, ves un dvd en tu cuarto, hablas por teléfono. Pero no, nada funciona. Y el día se acaba. Te tienes que dormir porque mañana te tienes que levantar temprano. El problema es que no quieres dormir, y tampoco entiendes porqué. Al final te decides por escribir como te sientes, sabiendo que dicho escrito solo servirá para confundir a quien lo lea. Sabes que lo más probable es que quienes lo lean te dirán que no te sientas así, que no estés triste, o algo similar. ¿Cómo explicas que esa no es la razón que te motivó a escribir? ¿Cómo explicas que no estas triste, ni deprimido, ni nada por el estilo? Estás feliz con tu vida. Te das cuenta de todo lo que tienes, lo disfrutas, lo valoras. Pero al final, nada de eso cambia como te sientes. Al final, solo te queda irte a dormir y esperar que mañana sea un día mejor.
R. F.
Abril 3 de 2006
Monterrey, México.